Monday, April 28, 2025

Cuaderno de Tokio. Los cuervos de Sangenjaya, Horacio Castellanos Moya.

No pensaba leer hoy, pero mientras limpiaba unos libreros me apareció el Cuaderno de Tokio de Horacio Castellanos Moya, el célebre narrador salvadoreño, pero oriundo de Honduras. (Lean que fea cacofonía acabo de escribir.) Lo vi de pocas páginas y me salí a leerlo con mis perros que se quedaron en la otra casa, en la otra vida. Mientras deambulaban ante mis rodillas, olisqueándose y celosas las hembras entre ellas si acariciaba a una y no a otra, me sumergí en este diario que va por los derroteros de una temporada del autor viviendo en Tokio, pero que es más profundo que eso. Castellanos Moya es duro consigo mismo. Arrastra una decepción amorosa a sus 51 años, con la cuarta mujer de su vida, a la que le ha puesto los cuernos y ella a él también. Esa depresión y la dureza con la que se habla permean la obra, así como el ir y venir por la geografía japonesa acompañado de amigos y de posibles parejas sexuales porque, como lo dice él mismo, él es carne y deseo. Un deseo que satisfecho lo empodera, pero cuando no lo lanza a la incertidumbre. Mientras, intenta hacer un ensayo sobre Kenzaburo Oé. Pero se dice cosas como. "Tener opiniones y querer pregonarlas me hizo un imbécil", "Estás hinchado de vos mismo, nada te cabe", "Sólo mientras escribes encuentras un poco de sosiego". El Castellanos Moya de estas páginas se nos presenta no como la figura literaria, sino como un hombre atribulado por la desgracia amorosa, duro con sus aspiraciones como escritor, incapaz de conectar con alguien en Japón, mientras se maldice por no poder vivir la estancia con más entereza, sino sólo dominada y sentida bajo el espejo de la frustración y el olvido. No sé qué tanto de este hombre descarnado me emplaza, pero hay cosas suyas que las entiendo a la perfección, pero me sucede como a una chica que conocí en un evento, hace muchos años. Dijo que mi libro no le había gustado y que ella no quería ser como los personajes de los cuentos. Ahí supe que su lectura no había terminado en el goce pero que ella había leído profundamente los cuentos como para tomar distancia de lo que leyó. Así me pasa con Cuaderno de Tokio. Espero no llegar a los 51 con ese estado de ánimo, no porque quiera engañarme con la felicidad, sino porque quisiera creer que puedo desarrollar otro tipo de herramientas ante la frustración. Mientras, leamos de este hombre herido. Con una herida que todos reconocemos: las del corazón.

Editorial Hueders
p 88

Saturday, April 26, 2025

Hacia el pantano, Gerardo Laveaga

Leo pocas novelas de tinte político porque asumo, están contadas con un conocimiento real de ciertas situaciones palpables de la corrupción del país. Hace años, cuando a Enrique Peña Nieto le preguntaron los tres libros que había leído y trastabilló con su respuesta en el marco de la Feria del Libro de Guadalajara, uno de esos libros que había leído era La inoportuna muerte del presidente de Alfredo Acle Tomasini y me dije, claro, él debía leer esa novela. Tuve la fortuna de editar esa historia y me la sabía al dedillo. Y claro que si él iba a ser presidente le debía interesar. Esa novela habla de los tejes y manejes del poder en un caso como ése. En fin. Menuda historia y menudo retrato que se hace de la política nacional. No es que haga una defensa de EPN, pero al menos él, como cualquier lector, leía lo que le interesaba dada su perspectiva personal. También me leí El dedo de oro de Sheridan, una divertida novela sobre en donde reside el poder de los gobernantes de México, pero a lo que voy es que acabo de terminar Hacia el pantano de Gerardo Laveaga y justo su novela es eso: el descenso de un grupo de personajes hacia la parte más abyecta de sus deseos que se logran bajo cualquier medio. Lo que campea y con lo que juega Laveaga es que tal vez hay un espacio de redención, pero éste desaparece rápidamente porque todos vamos hacia el pantano. La novela está construida por tres líneas argumentales: la de Arturo Pereda que se ve de pronto entronado como el nuevo fiscal general de la nación y todo los debates de eso, su relación con la corrupción presidencial y del aparato de estado, el de una amiga que narra las peripecias de otra para acostarse y casarse con un joven abogado de una respetable familia, para poder esquilmarlo a gusto con el pretexto del matrimonio, de la misma narradora quien descubre poco a poco sus ambiciones y la de un ladrón y luego asesino a sueldo que se ve enlodado con las ambiciones de cada uno de ellos. Hay víctimas en este libro que terminan como víctimas y sádicos que terminan como sádicos y en medio de ellos el personaje que se transforma, no necesariamente para su bien. Y en el inter, Laveaga de manera mordaz despliega sus baterías contra la vida política reciente del país, contra una imagen chabacana de la presidenta y una crítica nada velada contra el absurdo -se ve ahora aunque siempre lo hemos sabido de la elección de jueces y magistrados del país, que en Suecia o Noruega es comprensible, pero no en un país como el nuestro que sí controla en muchos sitios los carteles del narco-. Y todo esto, este thriller, lo cuenta de forma muy amena, suelta, con desparpajo y malicia el bueno de Gerardo Laveaga. Este país da ñañaras. No hay más qué decir. Y esta novela te lo recuerda con detalle y gran técnica argumental. Y en medio de ellos se eleva un gran personaje, sin fisuras, cuya inmovilidad permite ver la fragilidad de los otros: Rusalka, la amante de la ópera y quien conduce a todos, de una forma u otra, hacia la perdición.

Alfaguara

274 p.

Monday, April 21, 2025

Relatos para amantes de la lectura, selección de Antonio Iturbe

Compré este libro en la Gandhi de Hidalgo, una compra realmente impulsiva de la que no me arrepiento. Lo malo es que comprobé una vez más que no soy fan de Benito Pérez Galdós y sé que me pierdo de un escritor fundamental. En suma, esta antología bellamente ilustrada por Natalia Zaratiegui es una reunión de cuentos en donde los libros o el acto de la escritura o la lectura tienen especial influencia. Los pondré por orden de gusto y no todos, por supuesto.
Mendel, el de los libros de Stefan Zweig. Un relato profundo, denso, sobre un librero que siempre ocupó un sitio en una cafetería y era dueño de una inteligencia y memoria para localizar cualquier libro de toda Europa. Un relato profuso, más bien una biografía con tintes bélicos. Qué cosas, pero por momentos pensé que el relato había sido escrito tras terminar la segunda guerra mundial y me temí lo peor y luego agradecí que estuviera situado en la primera. No imagino lo que Zweig hubiera dicho del holocausto.
Relato oscuro, narrador más oscuro de Villiers de L'Isle-Adam. Un dramaturgo cuenta ante otros colegas un duelo a muerte. Lo espléndido es cómo narra el acto como si fuera un hecho dramático y cómo la vida es más un hecho dramático que el mismo teatro.
Una sociedad de Virginia Wolf. ¿Es que los hombres en verdad crean obras de arte?, se pregunta una joven después de darse cuenta que un célebre escritor lo único que hace es escribir anodinos y cursis poemas por los que tiene gran fama. Así que junto con unas mujeres deciden conocer el mundo de los hombres y descubren que su ignorancia es tan grande como la propia por creer que los hombres y su saber era honorable. Al final hay un guiño de revancha que pone todo en orden: hay que empezar una revolución.
Inspiración de Isaak Babel. Un hombre le cuenta a otro el cuento que ha escrito y se lo lee. El cuento es pésimo, pero la vida, esa otra cosa que es la fragilidad de alguien que escribe un cuento y lo expone a los otros.
Las rayas de Horacio Quiroga. Un par de hombres se vuelven locos y empiezan a marcar rayas en todos los libros de cuentas y en todo lo que los rodea. 

Una cosa interesante es que al inicio de cada cuento viene una breve semblanza, no biográfica, sino del estilo de cada autor y autora seleccionada y el trabajo de Natalia es realmente cálido y asombroso.



Tuesday, April 15, 2025

Cristalazo y otras historias fuera del círculo de tiza, Artemios Ríos Rivera

Lo que más me ha gustado de Cristalazo y otras historias fuera del círculo de tiza es este gran despliegue de personajes que reciben su merecido a veces, sin saber por qué o cómo. Y hay una gran variedad de ellos, pero despegan varios: los viejos comunistas que están en distintos presentes: en la célula política o ya viejos y abandonados, en el fragor de la batalla o después de ella. Los amantes que no se encuentran. Los personajes que trabajan en las periferias de la ciudad o mejor dicho, en la periferia en el centro de la ciudad que son los mercados de abastos o centrales. Con estos tres tipos, más varias digresiones y personajes de inesperada procedencia, se conjunta este libros de relatos que lo mismo ocurren en la ciudad de México como en Xalapa o Banderillas. Digo relatos y no cuentos. Porque en esencia no lo son. Es decir, me parece que la fabulación o la presentación de atmósferas y personajes tiene mayor peso en este libro que la construcción de relatos con otro tipo de tensión narrativa. Hay en Artemio Ríos Rivera, un gusto por la biografía, por mostrarnos a sus personajes más que lo que hacen. Y eso le da una sensación de descanso al libro, de que importan más las vidas que, en sí, los hechos, aunque estos no dejan de ser espeluznantes en ocasiones. Tres muestras de relatos con personajes antes descritos. En "Madera", vemos la gestación y desintegración de una célula comunista en la Ciudad de México y la causa de ello. Es un relato breve, como muchos del libro, en donde se nota cierta cercanía con el tema. En "Apuntes para una historia", vemos el intercambio epistolar entre Paulina y Arturo. El amor que se tienen, o más bien, que Paulina se permite tener ante la indolencia de su pareja escalda el ánimo y uno debe tomar partido, por Paulina, claro. Lo interesante es la transfiguración del personaje ante los ojos de Paulina que, no necesariamente cambia con el tiempo. Y finalmente, "Pico de cera", cuento con su picardía entre dos cargadores de la Merced que tras una noche de copas pierden entre sí, pero con resignación. Y así, como estos, hay más cuentos con humor, porque ese es el gran hilo conductor del libro, esa como mala leche y humor negro que viste todas las anécdotas, ese sarcasmo ante nuestros actos, esa cosa de que todos somos personas ante los cuales, alguien cualquiera puede soltar una tremenda carcajada por nuestros actos. ja, ja

Editorial Cisnegro

232 p

Un lugar seguro, Olivia Teroba

Creo que Un lugar seguro de Olivia Teroba, del que sin duda se ha escrito mucho ya, es el uso de muchas herramientas de la narración para el despliegue de lo ensayístico. Parto de la idea circular: empieza con la relación entre ella y su hermano, quien se ha mudado a su pequeño departamento en la Ciudad de México y al final, el hermano se nos vuelve a aparecer como un perfecto cierre de este viaje personal, pero que también discurre hacia la escritura, la extranjería, las relaciones filiales y la soledad, así como la violencia ejercida contra el cuerpo femenino y en suma, contra las mujeres. Es un libro entrañable porque hay un código de confidencia que envuelve el otro: la soledad, el apunte histórico, la crónica de las desapariciones y la inmigración, el arte, la extrañeza ante la vida cotidiana. Es, también, un breve prontuario sobre Tlaxcala, de donde es originaria Olivia, y los textos sobre el estado sirven para incluso, entender la otredad de la misma autora que también se centra en una ocasión en Elena Garro. Hago un apunte tal vez poco gentil: como que hablar de Elena Garro es piedra de paso para toda una nueva generación de autoras mexicanas. Homenaje, sin duda, pero también, ¿visita forzosa? En este caso me parece más natural, pues este libro, la primera versión de este libro fue hace muchos años, muchos. En fin, volvamos a que Un lugar seguro es un libro entrañable, donde asoman los padres divorciados, la pérdida de una casa, la extrañeza de una ciudad, el cuerpo como presencial nudosa en lo cotidiano, el amor a los padres. Y la literatura, claro, ya que por aquí o por allá, Olivia nos comparte sus libros de referencia. 

Las afueras

123 p

La mano que cura, Lina María Parra Ochoa

Esta novela tiene muchas imágenes que me gustan, pero acaso con la que más conecté fue con la de hundir los dedos en la tierra y sentir, al momento, el crecimiento de las raíces, el despertar de la savia, el estirarse de las hojas y los tallos. La mano que cura, cuyo significado en la novela es también muy hermoso, relata la historia de tres generaciones de mujeres que se unen al convite con lo sagrado que fluye de Ana Gregoria a Soledad y finalmente a Lina, quien debe decidir qué hacer con la biblioteca que ha dejado su padre al morir. Pero, parece que no es lo único que ha dejado, sino también una sombra, algo que araña el paso de Lina por la casa familiar y que tiene un olor a lodo. A partir de esta premisa nos asomamos a la formación emocional, sentimental y sagrada de las tres, acaso con mayor énfasis en la madre, Sol. Son muchas las cualidades de esta novela de Lina María Parra Ochoa, pero resaltaré cuatro: la oralidad. Cada capítulo está construido con una narración en vivo, es decir, poco espacio para que asome el afiche literario, la construcción literatosa, aquí todo es una secuencia de confesiones que vuelven la lectura adictiva. Lo segundo son las sensaciones. La mano que cura hace todo un ejercicio de olores, sabores, el tacto y la memoria. No podría ser de otra manera para una historia que mana desde la relación de estas cuatro mujeres con la naturaleza y lo sobrenatural. En especial, hay una escena que tiene qué ver con arena y con ojos. No pude quitarme la sensación de traer arenilla en el cristalino. Y la tercera, es la estructura. Aunque puede parecer sencilla de leer, la novela tiene sus saltos temporales y sus cambios y perspectivas del narrador, así como sus promesas de información que se cumplen a su tiempo y que le dan tensión a la trama. Y cuarto, la prosa. Hay secciones donde realmente avanzas sin aliento, en largas oraciones o párrafos donde se habla de la magia y el dolor, de la selva y los hallazgos. En fin. Una novela redonda, bien contada, con alma, con esa sororidad que sí se da entre pares y que no necesariamente tiene que ver con el género, pero novela que también, hay que decirlo, en ocasiones un poco pesada y tal vez, con un final algo predecible, pero que no evitan que el viaje sea sensible, intenso y luminoso. Gran novela. Por cierto, el gran acierto de la construcción de todos los personajes, algunos con detalles nada más, otros con su profundidad, todos sirven a la belleza de la historia.


Editorial Polilla

264 p

Ex Yugoslavia, Pierre Herrera

 Leo poco ensayo, pero estos meses intento leer más. Por eso recibí con agrado el regalo de este libro, Ex Yugoslavia de Pierre Herrera, ensayista michoacano, ex becario de la FLM. Varias cosas me hicieron conectar con el libro, del que conocía su existencia porque alguna vez me llegó en una tanda de esa editorial para vender, pero que no había podido leer. El primero es el eje con la conexión sentimental, que está tan en boga en el ensayo contemporáneo, cosa que no me disgusta. Me parece que el simbolismo de la vida propia funciona muy bien para "hablar" más directo con quien lee el libro. Como si, esa sentencia de saber más sobre el que escribe, facilitara la conexión emocional con las ideas. Postura fácil o no, quién sabe. Entonces, para mí, cuando Pierre hace ese bello retrato de su padre y el gusto que tiene por la Fórmula 1, me conecta con mi propio gusto y con su padre. Estoy de acuerdo en todo lo que se dice al respecto de este deporte y de la rivalidad Sena vs. Proust. También Pierre habla de la dispersión y para eso utiliza el símbolo desmembrado de Yugoslavia, país que siempre me ha gustado, no sé por qué. Es especial el texto de la miss Sarajevo, por mencionar algo, así como la revelación sobre la hermana mayor muerta del autor. Con esa urdimbre, Pierre nos entrelaza con su historia personal, con un ex país de Europa del este, con sus relaciones familiares, pero se mete a fondo con dos ensayos de largo aliento sobre la escritura con Tejido de presencias y Lo que estuvo fragmentado. Ensayos donde entra en la otra variante del ensayo, la que omite lo personal, para generar un diálogo de idea más idea. Algo que también celebro es el tono casi confesional, más no sencillo, de muchos de los textos. Es como escuchar al autor ante una cerveza, un sábado cualquiera, entre el bullicio de los comensales, del tráfico, del sol que entra por una ventana. Y los títulos, amé varios títulos como el de Los muertos que nos topamos antes del amor. Y me dio tristeza saber que he sido un muerto, ¿no? para alguien. Y el amor también para alguien. Y pues somos ambas cosas siempre, supongo. En fin. Todos somos como Ex Yugoslavia, al fin de cuentas. Gran libro de ensayo. 


Editorial Paraíso Perdido

98 p.

Thursday, April 03, 2025

Los años de espera, Fumiko Enchi

 Tomo está casada con Shirakawa, burócrata de alto rango en una provincia japonesa en el último tercio del siglo XIX. Como la educación lo dicta, todos los deseos de su esposo deben ser cubiertos sin chistar, incluso si éstos atentan contra el amor propio y el buen nombre de la familia. Cuando Yukitomo, nombre de pila de Shirakawa, decide que su posición le permite tener una concubina, envía a su esposa para que le busque una en la provincia de Tokio, una chica dócil que él pueda conquistar y quedarse para sí el resto de su vida y que Tomo pueda educar y no sentir celos o rivalidad con ella.

De esta manera inicia esta novela de Fumiko Enchi que descubre las vidas de varias mujeres atormentadas por el deseo masculino, pero también castigadas por el precio de la educación tradicional japonesa. Con un estilo que baila de la parquedad a lo poético, Enchi retrata las vidas al interior de las mansiones, los secretos entre esposa y concubinas -sí, el insaciable Yukitomo no se contenta solo con una-, así como la añoranza de la filosofía budista para salir de la incomprensión de una vida puesta al servicio del egoísmo del otro. Varias son las sorpresas que tiene esta novela, no sólo por la entrada y salida de las concubinas, sino también por el retrato del paso del tiempo. Vemos a Suga, una crisálida que habrá de ser domada por su señor y que nunca terminará por abrir sus alas, a Michimasa y Katsuko, hijo e hija de la pareja, el primero un ser violento y cruel, que no tiene el respaldo de sus padres y la segunda, una chica frágil y fría que ha crecido viendo el ir y venir de concubinas en la habitación de su padre. 

Es una historia generacional, porque nos lleva hasta la primera mitad del siglo XX y los avatares de los nietos del matrimonio, así como la llegada de nuevas filosofías. Y en toda la novela, la figura de Tomo se acrecienta: de sumisa a rebelde, pero también con una rebeldía que se antoja articial y que tiene, en el final, su explosión. Es una gran novela, simbólica, para nuestros tiempos, sensible y pulcra, sin duda deben leerla.

Monday, March 10, 2025

El libro de todas las cosas, Guus Kuijer

Hace muchos años me hablaron de este libro como una sensación que debía experimentar. Porque eso es leer, es básicamente, experimentar emociones. Y yo puse el libro en una especie de altar, porque persona con la que me topaba, persona que me lo volvía a recomendar, puesto que así son los libros. Compré alguna edición y la perdí, hasta que, de nuevo, el año pasado, en una visita a otra ciudad, me lo encontré en un stand que vendía libros usados. Más por repetición de vendedora, pero quisiera creer que también por gusto lector, quien atendía me dijo: es un buen libro. No maravilloso, no genial, sólo un buen libro. Y esa definición me gustó. Lo empecé a leer y no me gustaba, y me cuestioné por qué no, tal vez no estaba en el modo de leer este libro, y luego me empecé a cuestionar por qué les gustaba a otras personas y lo fui entendiendo. Hay que aclarar, que es un libro para jóvenes, es decir, lo que se cuenta, aunque terrible, da esperanza. La narrativa es ligera, pero eficaz, pero también los personajes, aunque no se salen del guion establecido para ellos, cumplen. Hay una constante alabanza a leer y desfilan libros muy conocidos, bueno, sólo dos: La Biblia y Sin familia, de Héctor Malot. (Es curioso que, al momento de citar la Biblia, no ponga a Dios como autor). La novela cuenta la historia de Tomás ¿o David?, que vive en Holanda, en un hogar fundamentalista evangélico, en donde el padre golpea a su esposa ante sus hijos. Para remediarlo, Tomás empieza a reproducir en la casa, las plagas de Egipto. El padre sospecha, pero su hija, que lo ama, pero que no desea reproducir este maltrato, también le pone trampas. Un día, el chico lleva un texto que pierde, pero que aparece en la Biblia: "Todo hombre que golpea a una mujer se deshonra a sí mismo". Al final, el chico hace un club de lectura y recitación de poesía junto con sus vecinas y aunque el padre es invitado, no se queda hasta el final. No se puede salvar a todos, dice un personaje, y esa es una gran verdad. Pues todo el tiempo estamos salvando gente de sí misma, por amor, por compasión, por deseo. Pero hay gente que vive y está a gusto con sus paradigmas, pero si hay una chance de integrarlo al gran coro donde la gente no golpea a los demás, es necesario hacerlo. Tomás, también, en ocasiones, habla con Jesús, sí, Jesús de Nazareth y éste le dice que no conoce a su padre y que, cuando al chico su padre lo golpeó, Dios se escondió de él, de su padre, y no lo encuentra. Esa imagen, tan bella, vale por sí solo todo el libro de todas las cosas. Y sí, es un buen libro. Leánlo despacito.

Thursday, February 27, 2025

Manual para crítico literario en emergencias, Malva Flores

Compré este libro por impulso. El texto de la contraportada me atrajo porque plantea una posibilidad que cualquiera persona que lee, en algún momento se debe cuestionar: ¿cuáles son realmente los libros que debería resguardar ante un imprevisto como una mudanza inesperada, una donación forzosa, un desprendimiento matrimonial? Y la verdad es que el libro no habla de eso. Este manual crítico es más bien una recopilación de textos ensayísticos de variado interés y origen. El primero, que le da título al libro, me gustó mucho, pero el resto me parecieron, salvo varias excepciones, poco interesantes. Los que me agradaron lo hicieron mucho, los que no, tampoco es que estén mal, solo no logré conectar. Destaco, "Neruda en este planeta llamado tierra", un texto bien documentado, amoroso, crítico al mismo tiempo, de uno de los poetas mayores de nuestra lengua, el texto sobre Aimé Césarie, que me descubrió un autor que sin duda leeré a futuro, el de Crítica Pokemon y el texto final sobre la aventura editorial de la autora como editora. Será un problema de estos tiempos, tal vez, pero cuando asoma la voluntad del diario, de la confesión, los escritos se vuelven, para mí, más amables. Tres o cuatro figuras resurgen en el canon lector de Malva, al menos en esta reunión de textos: Paz, Sheridan, Aurelio Asiain. También un gusto político: la crítica a la 4T, (yo sigo pensando que votar por el PAN o el PRI es un contrasentido, pero entiendo también que la 4T tiene sus contrasentidos), pero en fin. La lectura también es olvido y ya empiezo a olvidar este libro, salvo por los tres o cuatro textos que sin duda sí me dejarán pensando, pero como dice Marcial, todos los libros tienen algunas cosas excepcionales, algunas medianas y la mayoría, malas. Pues este libro cumple esa función, así que no podemos negar, ¡que es un libro! Del manual para seleccionar libros en las mudanzas, no viene tanto o sí, pero está medio escondido. Mejor hagan uno ustedes y lo comparten. 

Tuesday, February 18, 2025

Fulgor, Alma Mancilla

Hace tiempo que alguien me recomendó leer a Alma Mancilla. No lo hice, porque realmente tenía varios años sin leer mucho, apenas unos 10 libros al año, que para mis previos niveles de lectura, es algo pésimo. Y los leía medio obligado, porque me invitaban a presentarlos en alguna feria. Sin embargo, anoté que debía leerla y por eso ahora, que me cayó Fulgor en las manos (en las pantallas, mejor dicho), no vacilé en leerla.
Fulgor trata la historia de Eva, una estudiante de antropología que se va a un pueblo a realizar un estudio social para pasar una materia. El entorno que la rodea es de soledad: vive en una cabaña para turistas, pero en la más desaseada de todas, mantiene también pocos lazos sociales y el único familiar, con su madre, se nos presenta como áspero y poco frecuente. La madre pide de Eva algo que no es. Eva, además, tiene un cuadro clínico psicológico complejo, con una temporada en el hospital, no sólo por eso, sino también por un aborto reciente. 
Lo que en un principio se piensa será un relato sobre lo antropológico, pronto se convierte en otra cosa: un acercamiento al mundo mágico y terrorífico de la soledad, de la brutalidad mágica, del abandono. Un mundo en donde su condición de madre que no cumple su ciclo produce demonios. Pronto, Eva, tendrá acceso a un mundo de brujas o tenebroso, con seres que vuelan, no sé sabe si ángeles, demonios del aire o lechuzas humanizadas que la llevarán no a la locura, sino a la reivindicación. Porque Eva, quien no tiene hijos, al final tendrá su resolución.
Lo que está en esta breve novela es una depuración del mundo fantástico, que si bien da muchas pistas sobre en dónde terminará, eso no evita que el viaje sea interesante. Pensemos que toda novela cuenta una transformación. La hay. Pensemos que toda novela es un mundo que se nos presenta como interesante. Lo hay. Además, tiene un pulso narrativo muy atractivo, un lenguaje rico, nada duro, sino muy flexible y rico. Las atmósferas del libro, la indagación personal de Eva, la dureza con la que se trata, su curiosidad ante lo extraño, ante lo otro, la otredad, es muy interesante. Justo eso: Eva viaja hacia lo espinoso del encuentro con lo otro, más cuando ese otro recubre cierta perversión y tenebras. Es una gran novela, en todos sus detalles. Así que, si la pueden leer, la recomiendo.

Tuesday, February 04, 2025

La muerte del filósofo, Vicente Herrasti

Apenas es el segundo libro que leo de Vicente Herrasti y confirmo lo que pensé desde que leí el anterior, la célebre novela de Las muertes de Gengi. Estamos ante un autor fuera de las modas de la literatura mexicana y por lo mismo, el más contemporáneo de todos, porque su obra apuesta por solo el hecho literario de la ficción que lleva a cabo lejos de lo contemporáneo, acaso más cerca de la voluntad más particular de la literatura que es ficcionar sobre mundos nuevos o, en su caso, por viejos.
En La muerte del filósofo, Herrasti nos lleva por el fallecimiento de Gorgias de Leontinos, célebre sofista, alumno de Empedocles, rival de Platón, quien fallece a los 108 años de edad en la ciudad de Feres, gobernada por el tirano Jason. Tras u esperado fallecimiento, dadas las dolencias que lo aquejaban, ciertos personajes de la ciudad aprovechan las exequias para dar un golpe de estado al tirano. A partir de este momento, la historia se centra en Akorna, el eunuco esclavo quien cuidaba al filósofo y su devenir en la revuelta, pero también en su relación con el filósofo quien había terminado en la víspera a su muerte, su exhorto a la prudencia, texto que el esclavo usurpa junto con 500 estateras de plata con las que pretende huir del yugo de los reyes de Larisa o Feres, la ciudad de Jason.
La novela es un gran muestrario de la vida griega de la época, del sistema social que impera, de la vida de los esclavos, de la filosofía de Gorgias y de la urdimbre política. En ratos coquetea con la novela de género negro .-aunque no es un hecho criminal el que se investiga, en ocasiones persiste la lógica del asesino y del que huye-, pero se vuelve muchas más cosas: su erudición, su lenguaje, los trazos de filosofía y de historia de los filósofos de la época, narradas a cuentagotas, le permiten construir un mundo que se revela con soltura, elegancia e inteligencia.
Quien lea la novela sin duda disfrutará el infierno de Jasón, las exequias del filósofo, cierta escena en el hostal-prostíbulo de Evélpides, así como la inesperada amistad de Akorna con ciertos personajes que se encuentra en su intento de huida hacia la libertad, mismo que al final, como la célebre filosofía de Gorgias, no existe, porque acaso, la gran paradoja que los dioses nos legaron fue un libre albedrío que no supera el encierro de nosotros mismos que nos habita.
Gran novela de Herrasti, ahora a leer la siguiente.

Alfaguara, 2008, p. 172

Wednesday, January 29, 2025

Muerte caracol, Ivonne Reyes Chiquete

No sé qué tanto se ha escrito de Muerte caracol en el pasado, porque no pienso hacer una búsqueda al respecto. Me solicitaron un texto largo sobre la novela, pero no sé si lo logre escribir. Así que vengo aquí a apuntar algunas ideas no del todo conectadas, pero que sí está en la novela. Primero, debo decir que es una novela muy inteligente. Armada al detalle. Que huye del paradigma de la novela policiaca o noir. Es una novela que desafía ese patrón y usa sus vicios para burlarse, pero también para honrarla. Me explico. Un asesino en serie, Jefrey, escucha voces que lo obligan a matar y que lo llevan a tener como sello de identidad a un caracol que siempre deja en los cuerpos de sus víctimas. El hombre, al más puro estilo de los asesinos literarios-cinematográficos, se implanta en tu cerebro como una copia del asesino serial de El silencio de los inocentes. Pero esa historia que leemos no es la novela, sino la de un hombre que la lee, un guardia o empleado médico de un hospital público. Este hombre es un lector de estas obras y anota frases, se rebela contra el autor, mientras discurre en su aparente vida anodina. Sin embargo, la novela del asesino del caracol continúa y cada capítulo está narrado por una voz distinta, una exploración a todos los tipos de narradores que pueden contar una historia de este tipo. Al hacerlo, Ivonne se burla, pero también respeta el género. Incluso hace la alusión, con la ayuda del lector, de todas las falacias y lugares comunes de este tipo de obras, pero ejecuta a la perfección los lugares comunes del género. Mientras eso ocurre se nos muestra con más detalles el aspecto sentimental del lector quien sueña con ser un asesino e incluso intenta cometer uno sin éxito. De nuevo, re escribir el lugar común, pero hacerlo bien. La novela avanza son fluidez y reconocemos el paso del asesino, el símbolo del caracol y de la muerte hasta que, desde la tiranía lectora de quien lee encontramos los mecanismos y el corazón de la novela: matar no por maldad, sino por asco. Acaso la gran reveleción que nos lleva de la mano al final: Quien lee sobre asesinatos, al no poderlos hacer, los ejecuta en la ficción. Es una estrategia interesante: la novela al fin no ha sido sobre un asesino sino sobre un escritor: alguien que da vida para después quitarla. Me recordó a otra novela, una de Patricia Higsmith, Crímenes imaginarios, donde un escritor de guiones de cine decide "matar" a su mujer quien en realidad ha salido de viaje, pero los vecinos lo ignoran y eso conduce a un final descabellado. Ivonne no hace lo mismo, pero sí pasa por las capillas del horror con soltura, imaginación y diría acaso, sarcasmo.

Sunday, January 26, 2025

El desencanto de las sombras, Eva Leticia de Sánchez

Por muchos años este libro deambuló por la casa de un librero a otro, salvado de las restas de fin de año de ejemplares que se amontonaban y cuyo interés decaía con los meses y el paso del tiempo. Siempre estuvo ahí, porque me dijeron que era una gran novela. (Y lo es). Incluso me invitaban a que la publicara de nuevo. Pero la verdad, es que no la había podido leer, pero como tenía y tengo fe en quien me la recomendó siempre, aunque la hacía a un lado, la mantenía cerca para un día, quien sabe cómo y con qué pretexto, al fin leerla. Así que ahora que me mudé, me dije que era el momento de llevar el libro y conmigo y leerlo. Pocas veces he estado tan asertivo en mantener un libro en mi acervo.
El desencanto de las sombras es una clásica novela breve contada en primera persona que narra, como bien lo dicen las reseñas de venta en Amazon y google book y alguna que otra librería, el paso de Ana, joven pueblerina, venida a la ciudad para estudiar, y quien se ve enrolada en las juventudes sectarias de las organizaciones clandestinas en México. Y lo hace con una sólida voz narrativa, juguetona, sarcástica, entrañable, que nos presenta el momento en el que la chica tiene su primera relación sexual a instancia de sus compañeros de célula quienes la han presionado para que al fin deje la mojigatería de la virginidad.
Este punto de apertura le sirve a Eva Leticia para hacer una narración que nos presenta a la joven e indecisa e ingenua Ana, quien adopta el nombre de Lucía dentro de la organización, desde su inocente interés revolucionario hasta el desencanto que la humaniza, que la vuelve ante los lectores rotundamente cierta. 
La novela me recuerda mucho el desencanto, la trama y el tono de El principio del placer de José Emilio Pacheco. Sí, esta novela tiene esa altura. El humor negro, las complejas relaciones humanas entre los integrantes de las células, la despiadada crítica a las vidas de tantos jóvenes revoltosos y revolucionarios que incendiaron y quemaron sus vidas por nada, que tiene en un breve monólogo de El Callado, uno de los personajes secundarios de la obra, pero detonante del destino final de Lucía, como mejor exponente, vuelven a esta obra una que debería ser considerada como clásica en nuestras letras y tener tantas reediciones como veo que no las ha tenido.
¿Por qué ocurre esto? No lo sé, pero la literatura mexicana sigue siendo tribal e injusta. Sigo no perdonando a las autoras y autores que inician tarde su recorrido por las letras mexicanas. Además, la primera edición salió directamente a una colección de bolsillo de Ediciones B, antes de ser comprada por Penguin Random House. ¿Por qué de bolsillo? Tal vez porque la autora no era ni es tan conocida, pero alguien supo que esta novela debía publicarse.
En fin. Sólo tengo una queja menor, pero no menor. El final. Será porque acabo de leer El jilguero y estoy sensible a los finales. Me parece que la novela o la autora al final se enamora de su personaje y, aunque la hace pasar por escenas en verdad miserables, al final se apiada de ella y le configura un final, si bien duro, con cierta luz al final. Creo que la novela no necesitaba esas páginas extra. Estaba bien, Ana ya había aprendido, ya sabía al fin en dónde estaba y quién era. Pero en fin, quejas de quien lee, pero que llega hasta las últimas palabras de la novela, que como dijo alguna vez Gabriel García Márquez, es lo único que se le puede pedir a un autor. Así que el trabajo estuvo bien hecho.

Saturday, January 25, 2025

Vals para lobos y oveja, Ernesto Lumbreras

Siempre me han fascinado las novelas que reconstruyen épocas pasadas, como esas telenovelas de época. Y cuando lo hacen sin el interés de reconstruirla, es decir, que pasan por ellas solo como el escenario por donde discurren los personajes, el verdadero motivo para contar la historia, pues es mucho mejor. Eso y más puedo decir de la estupenda Vals para lobos y oveja de Ernesto Lumbreras, una novela que nos lleva por los años complejos y furiosos del siglo XIX, en el delta del Mississippi, el viejo oeste y el mundo gambusino, los apaches, la caza de los mismos, la nostalgia por la invasión norteamericana y el fanatismo religioso en México tras la guerra contra el II imperio de Maximiliano. El joven Sthepens sale de Inglaterra junto con su madre para probar suerte en Estados Unidos tras quedar desamparados por la muerte del esposo y padre en el mar. El viaje convierte a la novela en una mezcla de novela de iniciación y de road novel. Es una novela entrecortada, contada en fragmentos, con una clara voz literaria que, en primera persona, nos relata el viaje del joven, su enfermedad en el barco, su violencia juvenil, su amor por los libros y las marionetas, su vida como gambusino y finalmente, su muerte a manos de una turba religiosa azuzada por el párroco de Ahualulco, Jalisco. Las cosas que más me gustaron ya las he medio dicho, pero debo agregar como el gran personaje de esta novela a la prosa poética, sintética, a los remates finales de los capítulos que capturan con belleza la naturaleza humana y el paisaje. Es una gran obra. Si tuviera qué elegir cinco cosas que disfruté mucho fueron: los monólogos y el arte de trabajar con marionetas, la descripción de las cañadas y la vida gambusina, la escena cruel, delirante y amarga de una venganza que ocurre casi al final de la historia, el lenguaje y claro, el viaje por el Mississipi. 

El jilguero, Donna Tartt

Una de las primeras cosas que debo decir de este libro es que nunca había leído algo que tuviera más de mil páginas y que leer al menos las primeras 700 fueron una delicia. Las restantes 300, me parece, aceleran un final que también pudo ser antes. Alguien me dijo alguna vez que una novela de 500 páginas tenía detrás de sí a un autor que no había tomado decisiones difíciles, que no se puede contar todo. Por supuesto, cuando se escribe, todo el tiempo se están tomado decisiones, no se puede narrar el mundo, sino tan solo una selección. Y la decisión de cuánto prolongar ese mundo no siempre es la más inteligente.
En cuanto a El jilguero, de Donna Tartt, debo decir que disfruté mucho la lectura de la obra. 
La historia se puede resumir de esta manera: el joven Theo Decker hace una maldad en su escuela junto con su compañero Tom Cable y debe ir con su madre a recibir el regaño. Pero ese día de la cita les queda una hora libre y deciden pasarlo en el MET, específicamente en una exposición temporal de los maestros holandeses del siglo XVIII. Mientras su madre va a la tienda para comprar el regalo para su jefa, quien cumple años ese mismo día, Theo se queda en un ala del museo donde se exhibe el cuadro de El jilguero de Mauritius Frabbritius; un cuadro pequeño de un ave atada a un pedestal. Junto con él, hay un anciano y una chica pelirroja, que Theo ha seguido durante su visita al museo puesto que van casi a la par por las mismas salas. La visita se ve interrumpida por un ataque terrorista que destruye el museo y a la que Theo, el anciano y la chica sobreviven, pero heridos los últimos dos. En un breve intercambio entre el viejo Welty y Theo, éste le entrega un anillo y le da una dirección a donde llevarlo, pero al mismo tiempo le dice que se lleve el cuadro. Theo logra salir por una puerta trasera hacia Central Park y llega a casa mientras espera que su madre, quien no ha sobrevivido, vuelva con él.
Esto que acabo de resumir son, acaso, las primeras doscientas páginas de la novela y créanme que no les he arruinado la lectura: todas estas primeras páginas son hermosas, llenas de erudición, de profundización en los personajes, de paisajes internos y externos narrados con pulcritud, amor y belleza. Creo que todo el período adolescente de Theo Decker es tratado con maestría y termina pasadas tres cuartas partes de la novela. Después el adulto Decker no resulta tan atractivo, en parte porque la misma novela recuerda que debe ser terminada y se notan las tuercas, las concesiones del lector para volver verosímiles cosas que no lo son tanto y llegar, al final, a una hermosa revelación sobre la relación de nosotros con el arte.
Sí, El jilguero es una hermosa novela cuando recuerda que solo se trata de novelar la vida. Con qué delicia narra cuestiones innecesarias, con que habilidad captura la vida y el arte, y el dolor y la emoción. La misma ciudad de Nueva York se engrandece en las páginas de la novela como un personaje más, así como el famoso MET. Léanla. A mí me gustaron, además, las reflexiones sobre el arte, sobre la reparación de antiguedades, la dicha alcohólica y drogadicta de Theo y su amigo Boris, la hermosa reflexión sobre la madre y el ímpetu lúdico y salvaje del padre. En suma, una gran novela, que luego se acelera a terminar con finales felices :( 

Saturday, December 28, 2024

Luciérnaga, Natalia Litvinova

 De ser posible, yo pediría nacer barco,
uno que va hacia su naufragio
y sabe que hay un iceberg para él.
Mi vida consistiría en aprender
a nadar tranquila.
Natalia Litvinova


Con los años cada vez me es más fácil no leer desde la comprensión, sino leer desde la empatía. Parece una tontería lo que digo, y puede que lo sea, pero prefiero leer para ser el otro y pasar, como el recuerdo, la historia por el corazón antes que por lo que se pueda decir literariamente de ella. 
Me resulta curioso que mis últimas lecturas hayan sido sobre las relaciones de los hijos con sus padres. Luciérnaga, la reciente novela ganadora del premio Lumen de novela, de Natalia Litvinova también va sobre eso; pero aquí el pulso de la historia se dispersa en dos sentidos: mientras que mantiene una fuerte presencia sobre la vida de la madre, los golpes que te da tienen que ver con el padre. 
Nacida en Gomel, a pocos kilómetros de Chérnobil, Natalia hace un recuento de la historia familiar para su madre, por un motivo que no revelaré para que llegue a quien lea este libro en su momento y le duela. Y lo hace en tres tantos: primero la historia de su nacimiento e infancia en una ciudad tóxica por su cercanía con la central nuclear, después al indagar en la vida de la abuela, Catalina, capturada por los nazis y que, al retornar al país, recibe la condena de recoger la turba del pantano, y finalmente con los recuerdos de la familia al llegar a Argentina y todo lo que les sucede.
Y en esos tres actos, lo que hace Natalia, es desplegar una mirada amorosa y asertiva sobre los padres, sobre la belleza del canto del bosque, sobre la vida en el pantano, sobre crecer en medio del mundo tóxico post-Chérnobil, sobre la muerte vestida como una manada de ciervos, sobre cómo la escritura, cómo narrar, es "alargar la lengua, elongar el presente para que se toque con la leyenda".
Aquí hay llanto contenido, relinchos, liquidadoras, pueblos abandonados, engaños y padres y madres que elongan su presente con recetarios y amor a los perdedores, lobos tiernos, soldados que deambulan y golpes suaves que te abrigan el corazón y lo dentellean. 
El título, en sí, propone ya un símbolo: se les llamaba luciérnagas a todas esas personas que vivieron cerca de Chérnobil y los demás pensaban que estaban irradiados. Pero lo que irradia ilumina la oscuridad. Como la otra noche que tomé una foto y, ante la cámara pude ver una luciérnaga que flotaba sobre la calle. Pero al mirarla a ojo simple no la distinguí, pero en la cámara de nuevo, ahí estaba. Qué historias ocultas irradiamos hasta que alguien decide contarlas. Hasta que alguien decide contar la foto de una mujer que brilla como las aguas del lago Prípiat.

Litvinova, Natalia, Luciérnaga, editorial Lumen, 2024



Sunday, November 01, 2009

Mudanza

Nuevo blog. Nos vemos por allá.

www.kozameh.wordpress.com

Friday, September 04, 2009

Charlie y el Gran Ascensor de cristal/Roal Dahl

La última vez que había visto al joven Charlie estaba en un ascensor de cristal que acababa de salir disparado al cielo después de terminar la visita a la fábrica de chocolate. En esta secuela de Charlie y la fábrica de Chocolate, el Sr. Willy Wonka sigue igual de deschabetado que en el libro anterior y la abuela Josephine, Georgiga y George siguen igual de ácidos y criticones como muchos viejos del mundo y Charlie, el abuejo Joe y el Señor y la Señora Burke siguen igual de inteligentes, animosos y escepticos como en el libro anterior. Me gustan las secuelas, sin duda alguna. Lo mejor de Charlie y el Gran Ascensor de cristal es que de varias maneras amplia el universo fantástico de la fábrica de chocolate tanto dentro como fuera de ella. Vamos a un rápido viaje al espacio donde Charlie y compañía, dentro del ascensor de cristal, defienden a una cápsula espacial del ataque de Knidos Vermiciosos, unos seres alargados, verdes, con ojos rojos y colas puntiagudas y terminamos de nuevo en los misterios de la fábrica (ooompa loompas incluidos con canciones) con una inesperada aventura donde los abuelos rejuvencen y envejecen. Aparecen minas de caramelo y pozos de chocolate y la tierra de Menoslandia. Y en todas partes, está, la sólida imaginación roaldiana, con sucesos inesperados relatados con el menor empacho, tanto que uno tiene que "rejuvenecer" con la lectura, pelear contra esa "vejez" lectora que nos incultan en las facultades de filosofía y letras. Singular y sólida novela juvenil. No dejen de leerla.
Charlie y el Gran Ascensor de cristal. Roal Dahal. Alfaguara infantil, 2008, 166 p.

Tuesday, September 01, 2009

El arte de Julio Torri/ Serge I. Zaïtzeff

Por algún motivo, desde que compré el libro, hará unos dos años, sentía que tenía una deuda con él. Lo veía en mi librero y ya mi mano iba hacia él cuando distraía la mirada y tomaba cualquier otro ejemplar que por supuesto, no terminaba. Pero hoy finalmente he podido leer El arte de Julio Torri, un singular trabajo crítico sobre uno de los escritores de esa generación perdida que sufrió la revolución y cuyos hijos más valiosos se instalaron en el extranjero como Vasconcelos, Reyes, Martín Luis Guzmán y Pedro Henríquez Ureña. Sin embargo Torri se quedó y cómo bien lo muestra la relación epistolar al final del libro, tuvo que sobrevivir de todo y de nada, mientras creaba una ideologia de la brevedad como género literario. Serge Zaïtzeff desmenuza con claridad la obra de este autor coahuilense, lo mismo parte de la génesis del texto breve, como relaciona a Torri y lo coloca a la saga de mucha de la obra breve que más tarde escribirían Arreola, Monterroso o Borges. Al final viene una reseña de la obra de Mariano Silva y un divertido texto sobre la destrucción de la ciudad de México. El libro da además otro tipo de luces, al mostrar un ideario sobre la literatura, la amistad, el honor e incluso la misoginia de Torri en sus textos, este Torri que andaba en bicicleta, que tenía picosas relaciones amorosas y sobre todo, que se encerraba en su biblioteca echado de menos la charla con Ureña y Reyes, algo que en suma también es difícil encontrar en nuestros días: buenos charlistas. Es sin dudad, éste, una aproximación a ese hombre tan disputado en nuestros días en el premio de Tierra Adentro.
El arte de Julio Torri, Serge I. Zaïtzeff, Editorial Oasis, 182 paginas. 1983